lunes, 3 de septiembre de 2012

MAESTRO QUE DEJO HUELLA EN MI VIDA

CAMINO NARANJA - NIVEL 2


MAESTRO QUE DEJO HUELLA EN MI VIDA ...



ALFONSO BUILES ORTEGA

El docente que dejó huella en mi vida, aunque no fui directamente su alumna, fue el señor Alfonso Builes Ortega, ex rector de la Institución Educativa Federico Ozanam,  además fundador y rector del primer colegio en el cual pude dar inicio  a mi carrera como docente: Colegio Parroquial Nuestra Señora del Sagrado Corazón del barrio Buenos Aires.
Para mi es un maestro de maestros, su gran calidad humana, su don de servicio a los demás, la confianza y el amor que brindaba a sus estudiantes, docentes y personal de apoyo a la institución, hacían de él una persona que más que una autoridad de un colegio, era un amigo que brindaba amistad, comprensión, imparcialidad; luchaba y aunaba esfuerzos para sacar adelante su institución. A diferencia de muchas personas que desempeñan su cargo, se mostraba  amable, trataba de igual manera a todas las personas que lo rodeaban, y lo más importante, su discurso era coherente con sus acciones.
Fue importante para mí, porque me dio la confianza para iniciarme como docente, y gracias a él pude dar inicio  a mi primera experiencia laboral, en él encontré confianza, apoyo, seguridad, ejemplo y mucha calidad humana. Para él ante todo eran sus maestros, los defendía a “capa y espada”, ante cualquier situación que perturbara su tranquilidad o colocara en riesgo su buen nombre.
Fue una persona retadora, con su prudencia y generosidad movilizaba a todo el personal que allí laboraba para que asumiera su papel de una manera responsable y se comprometiera con el progreso de la institución.
Daba suma importancia a los pequeños detalles de la vida, siempre estaba presto a escuchar a sus maestros, a dar consejo oportuno, a enseñar con su experiencia, siendo un orientador por excelencia en materia educativa.
Era  agradable y satisfactorio trabajar en aquel colegio, los docentes disfrutábamos lo que hacíamos. Para nosotros no pasaba el tiempo, el colegio era como nuestro segundo hogar, las horas pasaban… y terminaba la jornada sin darnos cuenta, disfrutábamos la estadía en el colegio, era agradable estar allí, era un ambiente de tranquilidad, confianza y respeto. Los maestros nos sentíamos importantes y se nos daba el lugar que nos merecíamos.
En la actualidad quedó una bonita amistad con este gran maestro. Aún algunos de los docentes que trabajamos en aquella época con él, no hemos perdido la costumbre de reunirnos en fechas especiales y tenerlo en cuenta, como por ejemplo en la navidad.  
Disfrutamos de sus sabios y oportunos consejos, a pesar de los años y de su edad, no ha dejado de ser esa persona tan especial y querida para todas aquellas personas que tuvimos la oportunidad de trabajar con él, ni para los estudiantes que algún día fueron como sus hijos.
Me queda una gran gratitud y admiración por este gran maestro y amigo.

Gracias Don Alfonso por su ejemplo, sencillez y gran calidad humana que tanta falta hace en nuestra sociedad…




2 comentarios:

  1. Que buena historia. Necesitamos mas personas como Don Alfonso en nuestras instituciones.

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  2. Los maestros nos sentimos apoyados con personas que aman la educación y desean la dignificación de nuestra profesión :)

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