MAESTRO QUE DEJO HUELLA EN MI VIDA ...
ALFONSO BUILES ORTEGA
El
docente que dejó huella en mi vida, aunque no fui directamente su alumna, fue el
señor Alfonso Builes Ortega, ex rector de la Institución Educativa Federico
Ozanam, además fundador y rector del
primer colegio en el cual pude dar inicio a mi carrera como docente: Colegio Parroquial Nuestra
Señora del Sagrado Corazón del barrio Buenos Aires.
Para mi
es un maestro de maestros, su gran calidad humana, su don de servicio a los
demás, la confianza y el amor que brindaba a sus estudiantes, docentes y
personal de apoyo a la institución, hacían de él una persona que más que una
autoridad de un colegio, era un amigo que brindaba amistad, comprensión,
imparcialidad; luchaba y aunaba esfuerzos para sacar adelante su institución. A
diferencia de muchas personas que desempeñan su cargo, se mostraba amable, trataba de igual manera a todas las personas
que lo rodeaban, y lo más importante, su discurso era coherente con sus
acciones.
Fue importante
para mí, porque me dio la confianza para iniciarme como docente, y gracias a él
pude dar inicio a mi primera
experiencia laboral, en él encontré confianza, apoyo, seguridad, ejemplo y
mucha calidad humana. Para él ante todo eran sus maestros, los defendía a “capa
y espada”, ante cualquier situación que perturbara su tranquilidad o colocara
en riesgo su buen nombre.
Fue una
persona retadora, con su prudencia y generosidad movilizaba a todo el personal
que allí laboraba para que asumiera su papel de una manera responsable y se
comprometiera con el progreso de la institución.
Daba suma
importancia a los pequeños detalles de la vida, siempre estaba presto a
escuchar a sus maestros, a dar consejo oportuno, a enseñar con su experiencia,
siendo un orientador por excelencia en materia educativa.
Era agradable y satisfactorio trabajar en aquel
colegio, los docentes disfrutábamos lo que hacíamos. Para nosotros no pasaba el
tiempo, el colegio era como nuestro segundo hogar, las horas pasaban… y
terminaba la jornada sin darnos cuenta, disfrutábamos la estadía en el colegio,
era agradable estar allí, era un ambiente de tranquilidad, confianza y respeto. Los
maestros nos sentíamos importantes y se nos daba el lugar que nos merecíamos.
En la
actualidad quedó una bonita amistad con este gran maestro. Aún algunos de los
docentes que trabajamos en aquella época con él, no hemos perdido la
costumbre de reunirnos en fechas especiales y tenerlo en cuenta, como por ejemplo en la navidad.
Disfrutamos
de sus sabios y oportunos consejos, a pesar de los años y de su edad, no ha
dejado de ser esa persona tan especial y querida para todas aquellas personas
que tuvimos la oportunidad de trabajar con él, ni para los estudiantes que algún
día fueron como sus hijos.
Me queda
una gran gratitud y admiración por este gran maestro y amigo.
Gracias
Don Alfonso por su ejemplo, sencillez y gran calidad humana que tanta falta
hace en nuestra sociedad…

Que buena historia. Necesitamos mas personas como Don Alfonso en nuestras instituciones.
ResponderEliminarLos maestros nos sentimos apoyados con personas que aman la educación y desean la dignificación de nuestra profesión :)
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